Bilován nos sonreía.

Nosotros también porque al llegar sentimos que conquistamos nuestro deseo: un manto de nubes nos esperaba.

Mientras la novia se alistaba admirábamos la luz, los verdes , el celeste del cielo, a las llamas del lugar y a los visitantes del mirador de las nubes junto al  “El portal invisible” de Naturafutura  que con su proyecto arquitectónico transformaron una experiencia que ya era hermosa en algo sublime.

Cada novia tiene un deseo único, el de Tatiana era sentirse como en cuento, y si para realizarlo hay que viajar ¿por qué no hacerlo?